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Neurotoxinas en los alimentos

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En los últimos cien años todo nuestro entorno ha sido modificado de manera drástica, la comida, sus empaques y las formas de cocinarla incluso los utensilios utilizados han cambiado, las bebidas, el aire, la calidad del agua, la presencia de árboles en las ciudades, la exposición a la tecnología, la forma en la que “gastamos” nuestro tiempo libre son otros de estos innumerables cambios que hoy nos hacen la vida más llevadera en cuestiones de tiempo, aunque ¿serán igual de beneficiosas para la salud del cerebro?

El cerebro es el órgano más sensible de nuestro cuerpo, es nuestro faro y guía, cada una de las funciones de los órganos y sistemas están reguladas por la acción del cerebro, consume aproximadamente el 20% de la energía de tu cuerpo siendo un organo pequeño y cualquier cosa que esté usando tanta energía es vulnerable cuando las impurezas entran en el sistema.

Desempeña una labor increíble en nuestra preservación como especie, no por gusto está encerrado dentro de una urna ósea, bien protegido además por una barrera de sangre, aun así, es posible que se afecte y una de las cosas que más lo hace son las toxinas.

Una toxina es una sustancia que es capaz de producir un daño en la célula, afectando de esta manera su funcionamiento, en el caso de las toxinas y el cerebro, son las llamadas neurotoxinas  que atraviesan las barreras del cerebro y logran crear un verdadero problema dentro.

Lo que ocurre con estas sustancias es que, en su gran mayoría, no las consigues ver u oler, pero ahí están y su uso es tan frecuente que damos por sentado su inocuidad, están presentes en muchas de las cosas con las que estamos en contacto cada día y por supuesto en primer lugar se encuentra la comida.

Cuando se cosechan los alimentos se utilizan sustancias con la intensión de eliminar las malas hierbas e insectos que afectan la producción, son los llamados herbicidas y plaguicidas, estas sustancias además de eliminar lo que no queremos también logran contaminar los alimentos que comeremos, una de estas sustancias es el glifosato.

El glifosato es uno de los herbicidas más ampliamente utilizados en todo el mundo; su uso incluye el manejo agrícola, industrial, de jardinería ornamental y de malezas en las residencias, la formulación se encuentra registrada en más de cien países y se utiliza en alrededor de 700 productos diferentes de la agricultura y el hogar, puede entrar al cuerpo por absorción directa en la piel, por alimentos tratados con glifosato o por agua potable contaminada con glifosato. Uno de los productos más conocidos que contienen glifosato es el Roundup®.

La agencia de investigación de cáncer de la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization International Agency for Research on Cancer) publicó un resumen en marzo del 2015 que clasifica al glifosato como un probable carcinógeno en humanos.

Los estudios también han indicado que el glifosato altera el microbioma en el intestino disminuyendo la proporción de bacterias bene­ficiosas con relación a las bacterias dañinas, por tanto, bacterias altamente patógenas, como Salmonella, Salmonella entritidis gallinarum, Salmonella typhimurium, Clostridium perfringens y Clostridium botulinum son altamente resistentes al glifosato y las bacterias más beneficiosas como Enterococcus faecalis, Enterococcus faecium, Bacillus badius, Bifidobacterium adolescentis y Lactobacillus spp. se ha encontrado que son de moderado a altamente susceptibles a este químico, mata las buenas y aumentan las malas.

La alteración del microbioma puede favorecer el surgimiento de  enfermedades o condiciones como el síndrome metabólico, diabetes2, depresión, autismo, enfermedad cardiovascular, enfermedad autoinmune, todas relacionadas con la salud del cerebro, hoy sabemos con total certeza que el microbioma es un elemento importantísimo en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, por lo que todo lo que afecte el microbioma causara de manera directa o indirecta una afectación del cerebro.

El daño al microbioma intestinal e incluso al intestino es tan marcada que hay estudios que recogen la evidencia de que enfermedades como la celiaquía y en general, la intolerancia al gluten, un problema creciente en todo el mundo, especialmente en América del Norte y Europa, donde se estima que el 5% de la población ahora la padece, están relacionadas en gran medida, con el consumo de alimentos contaminados por glifosato.

Un estudio reciente sobre la exposición al glifosato en peces carnívoros reveló efectos adversos notables en todo el sistema digestivo, por ejemplo, la actividad de algunas enzimas importantes que son utilizadas para degradar proteínas (proteasa, la lipasa y la amilasa) disminuyeron en el esófago, el estómago y el intestino de estos peces después de la exposición al glifosato. Los autores también observaron que la estructura de la mucosa del intestino fue alterada unido a un aumento en la secreción (exagerada) de mucus en todo el tracto alimentario.

Por lo tanto, la evidencia de este efecto en los peces sugiere que el glifosato puede interferir con la descomposición de proteínas complejas en el estómago humano dejando fragmentos más grandes de trigo, por ejemplo, en el intestino humano que luego desencadenarán una respuesta inflamatoria, lo que lleva a provocar defectos en el revestimiento del intestino, el llamado intestino permeable que logra desencadenar reacciones inmunes en el cuerpo y afectan por supuesto, el eje intestino-cerebro.

Un efecto importante en relación con el uso del glifosato resulta de que es un potente quelante, forma complejos fuertes con metales lo que crea deficiencias de micronutrientes tan necesarios para el cerebro como hierro, cobre, cobalto, molibdeno, zinc y magnesio.

Existen diferentes estudios donde se recoge la evidencia de la acción negativa que tiene el glifosato en el cerebro, por ejemplo, un hombre de 54 años que accidentalmente se roció con glifosato desarrolló lesiones en la piel 6 horas después del accidente y luego de un mes presentó el síndrome parkinsoniano simétrico, hay una alta correlación entre el uso de glifosato y numerosas enfermedades crónicas, incluyendo autismo, el Laboratorio Great Plains realizó recientemente un estudio en un conjunto de trillizos (dos de ellos con autismo y uno con sospecha de trastorno convulsivo) y se encontró que sus síntomas mejoraron cuando se redujo su ingesta de glifosato cambiando a alimentos orgánicos.

Las correlaciones no son relaciones de causa, sin embargo generan inquietud sobre el uso de un químico al cual parece estar expuesta la gran mayoría del mundo durante toda la vida.

La segunda cuestión relacionada a los alimentos son los GMO, estos son alimentos que han sido modificados genéticamente, lo cual pudiera ser bueno o no, pueden ser modificados para que la fruta sea más grande o para que el trigo tenga más gluten, el caso con este tipo de alimentos es que dentro de las modificaciones que se les hacen está el ser más resistentes al glifosato, ósea que no se dañe la planta cuando se usa el químico, lo que hace que se puedan utilizar mayores cantidades del producto que contaminarán el resultado final, la fruta o el vegetal que tú te comerás.

Aunque lo ideal sería comer orgánico todo el tiempo la realidad es que no siempre lo conseguimos, uno, porque la disponibilidad de todos los productos no los encuentras en su variedad orgánica y otro porque los alimentos orgánicos debido a su forma de cosecha demandan mayor cuidado, por lo que el costo de estos alimentos es mayor (no mucho más) que el resto.

Dentro de los alimentos que mayormente están contaminados y debes priorizar a la hora de comprar orgánico están fresas, manzanas, nectarina, espinacas, kale, peras, uvas, célery, duraznos, cherris, pimientos y tomates.

Mientras que los menos contaminados son espárrago, aguacate, repollo, melón, maíz dulce, berenjena, pomelo, kiwi, mango, champiñón, cebolla, papaya, piña, guisante dulce y boniato. Esta lista es actualizada cada año y puedes encontrarla como Dirty Dozen™ y Clean Fifteen™ en EWG's 2022 Shopper's Guide to Pesticides in Produce™.

Los niveles de glifosato se pueden medir a través de una prueba de orina y también pueden ser analizadas muestras del agua de consumo para determinar las concentraciones existentes.

 ¿Qué podemos hacer?

  1. Comer alimentos que no han sido modificados genéticamente (no GMO)
  2. Comer orgánico la mayor cantidad posible de las veces (priorizar los alimentos presentes en la lista de los más contaminados)
  3. Beber una cantidad saludable de agua cada día es beneficioso ya que el glifosato es soluble en agua (beber agua de ósmosis inversa puede ser una excelente opción)

Por último, y lo más importante, queda por establecer un compromiso real con la salud de tu cerebro y de tu cuerpo, eres la única persona responsable de que esto suceda, ya tienes la información, lo que hagas o no con ella depende de ti.

La información que encuentras dentro del blog cerebro valioso está encaminada a que cuides y fortalezcas tu cerebro, para que puedas lograr un estado de salud óptimo sin importarte tu edad, si quieres profundizar en la información de mi mano y asesoría  regístrate  a la  Academia Aprende Más, sólo tienes que darle CLICK al botón que ves debajo, NOS VEMOS DENTRO

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