¿Por qué la obesidad afecta el cerebro?

Uncategorized Feb 07, 2022

La obesidad está considerada como una enfermedad crónica de múltiples causas, genética, biológicas y conductuales, donde se produce un aumento en el depósito de grasa en el tejido graso, que repercute en el estado nutricional.

La mayoría de las personas consideran el tejido graso sólo almacén de energía, pero la grasa en el cuerpo tiene otras diferentes funciones, por ejemplo, el control de la temperatura y la regulación de la función hormonal y reproductiva.

La grasa, además, es un órgano endocrino que puede dar lugar a procesos de inflamación crónica, pues en sus células se producen sustancias que favorecen la inflamación de bajo grado del cuerpo.

Esta inflamación de bajo grado de manera crónica junto al exceso de ácidos grasos libres, proporciona un entorno adecuado para el desarrollo de un estado de resistencia a la insulina en el cerebro.

En estas condiciones la integridad de la barrera hematoencefálica que debe proteger al cerebro se pierde, lo que hace al cerebro más vulnerable a desequilibrios del sistema inflamatorio periférico.

Las sustancias secretadas por el tejido graso tales como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) e interleucinas (IL-1β, IL-6) al atravesar el cerebro activan la microglía, estas células que deberían proteger la neurona, en su estado activado, estimulan a más inflamación, aumentando y manteniendo la inflamación cerebral.

De hecho, la cantidad de microglías en cerebros enfermos de Alzheimer es mayor que en cerebros sanos, se ha encontrado que cuánto más avanzada está la enfermedad, más activas y numerosas son las moléculas que regulan la actividad de las microglías.

En el cerebro, el estado metabólico de resistencia a la insulina origina elevados niveles de insulina en sangre lo que interfiere en la degradación de la beta amiloide, proteína que en exceso es característica de la enfermedad de Alzheimer. En cerebros diagnosticados con la enfermedad de Alzheimer se han podido observar niveles muy bajos de actividad de la insulina.

La insulina regula la función del cerebro; interviene en la liberación de mensajeros químicos en la unión entre las neuronas, en la supervivencia neuronal, en el metabolismo energético y la neuroplasticidad, todos ellos procesos asociadas con el aprendizaje y la memoria a largo plazo.

Cualquier alteración en la utilización de la insulina en el cerebro produce neuroinflamación, estrés oxidativo y déficit energético, lo que favorece la acumulación de la beta amiloide, neurodegeneración y muerte celular.

En resumen, el principal mecanismo que vincula la obesidad y Alzheimer consiste en un deterioro en la señalización de insulina mediado por un proceso de inflamación. Las sustancias proinflamatorias periféricas producidas en la obesidad contribuyen a la neuroinflamación y a la resistencia de la neurona a la acción de la insulina.

Las neuronas deficientes en la utilización de la insulina son sensibles al estrés oxidativo, a la toxicidad de los depósitos de beta amiloide y a procesos de muerte celular presentes en la enfermedad de Alzheimer.

Se ha podido comprobar que el bloqueo de la neuroinflamación disminuye los problemas de memoria derivados de la enfermedad de Alzheimer y detiene su progresión.

Hasta hoy no existe un tratamiento efectivo para detener el avance de la enfermedad o evitar que ocurra, es por eso que tratar o eliminar los factores que logran desencadenar la enfermedad es determinante.

La obesidad destaca en importancia dentro de los más de 30 factores de riesgo de Alzheimer, debido al desarrollo de inflamación crónica que lleva a la hiperinsulinemia y resistencia a la insulina, que además de provocar una diabetes tipo 2, tienen efectos determinantes en el cerebro que lo llevan a enfermar.

La mejor estrategia hasta el momento en relación con la salud del cerebro y las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer es a través de la creación de hábitos saludables en alimentación, ejercicio físico y estilo de vida adecuados que llevan a las personas a tener y mantener un peso saludable.

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Nunca es tarde para comenzar el cambio, tu cerebro te lo agradecerá.

 

 

 

 

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