Vitamina D y su efecto en el cerebro

La vitamina D pertenece al grupo de los esteroides y en los humanos surge de la transformación en la piel  del colesterol bajo el efecto de la exposición a los rayos del sol o por el consumo de alimentos,  aunque estos no son muy abundantes, existen cantidades variables de la vitamina en los pescados grasos (como la trucha, el salmón, el atún y la caballa) en los aceites de hígado de pescado, en los hongos,  algunos de estos se exponen a la luz ultravioleta para aumentar su contenido de vitamina D, en el hígado de la vaca, la yema de huevo y el queso.

La principal función conocida de la vitamina D es en relación con el fortalecimiento de los huesos y el equilibrio del calcio, sin embargo, su influencia sobre las enfermedades neurológicas y el cerebro no es muy conocida.

En las neuronas (la célula del cerebro) y las células gliales (células protectoras de la neurona) se han encontrado receptores para la vitamina D, hoy sabemos que esta vitamina interviene en la regulación de las neurotrofinas, en especial el factor neurotrófico o BDNF.  

Las neurotrofinas son moléculas indispensables para lograr la tan famosa neuroplasticidad, la remodelación de la estructura del cerebro, la formación de nuevas neuronas así como  para mantener la función y la integridad de la estructura de las ya existentes.

En el caso del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) la importancia es crucial, existen estudios donde se les ha suministrado a las células factor neurotrófico y se ha logrado mayor conexión entre las neuronas y mayor arborización sobre todo en el área del hipocampo, muy relacionado con la memoria y el aprendizaje.

En ausencia o disminución del BDNF las neuronas se programan para morir, se han encontrado niveles en sangre bajos de vitamina D en pacientes con Alzheimer, Parkinson, esclerosis múltiple, trastorno depresivo, trastornos del espectro autista, trastornos del sueño y esquizofrenia.

Algunos estudios además recogen datos en relación a la acción de la vitamina D en la eliminación del péptido β-amiloide y en la disminución de su producción, esta proteína tiene un papel determinante en la enfermedad de Alzheimer, la vitamina D ademas  tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios en el cerebro, mecanismos asociados a la neurodegeneración.

Los estudios moleculares evidencian que el tratamiento con vitamina D mejora el aprendizaje en etapas más avanzadas de la vida, evita deterioro cognitivo leve, contribuye a la prevención del Alzhéimer y otras enfermedades como el Parkinson, la depresión y la esquizofrenia.

La deficiencia de vitamina D es la deficiencia nutricional más frecuente sobre todo en los Estados Unidos, se reporta una prevalencia de alrededor de un billón de personas en el mundo con ella. Los factores de riesgo para tener un déficit de vitamina D son variados y van desde la estación del año, la pigmentación de la piel, la exposición al sol, el uso de bloqueador solar, mala alimentación y la ingesta inadecuada de la vitamina.

Solamente un 30% de la vitamina D podrá se obtenida por la dieta, el resto debería formar parte de tener un adecuado estilo de vida donde la exposición segura al sol fuera un elemento importante, más infelizmente esto no ocurre, es por eso que la suplementación con vitamina D es cada vez más apremiante.

La cantidad de vitamina D a tomar depende de varios factores, uno y muy importante es si tienes o no una carencia, por tanto, es imprescindible realizar una medición de este parámetro, esto puedes solicitarlo a tu médico.

Si no tienes una deficiencia y quieres prevenir alguna de las enfermedades neurológicas y muchas otras ocasionadas por bajos niveles de esta vitamina, entonces las cifras a tomar cada día pueden variar desde 600, 800 o 1000 unidades diarias, dependiendo de tu edad y sexo, para concentraciones mayores deberías consultar con tu médico de cabecera.

Prefiere siempre presentaciones naturales del suplemento vitamínico y consúmelo junto a comidas donde exista una fuente grasa para una mejor absorción, cambia tu estilo de vida a uno más saludable donde el contacto con la naturaleza y la exposición al sol tengan un lugar predominante y enriquece tu dieta diaria con alimentos que contengan esta valiosa vitamina, tu cerebro y tu salud mental  te lo agradecerá.

 

 

 

 

 

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